DESDE EL ESCRITORIO DEL PASTOR
Rdo. Sergio J. Valentín Reyes
martes, 6 de octubre de 2026
EL TIEMPO QUE VIVIMOS
Nuestro pueblo vive tiempos difíciles. Escuchamos promesas de soluciones rápidas desde distintas ideologías y partidos, pero ninguna propuesta podrá sustituir la verdad, la justicia, la empatía y el compromiso genuino con la gente.
Duele ver una tierra tan bendecida mientras tantas familias luchan para sostenerse ante aumentos, impuestos y un costo de vida cada vez más pesado. Duele la desigualdad, la indiferencia y sentir que, muchas veces, quienes menos tienen son quienes más cargan.
Duele y sentimos indignación al percatarnos que la clase trabajadora sigue recibiendo golpes sin pausa y sin ningún grado de sensibilidad de quienes toman las decisiones. ¿Se podrá detener esa lamentable línea de acciones?
Al mirar esa realidad, también debemos reconocer otra realidad: nos hemos ido alejando de Dios y de los valores de Su Reino. Hemos buscado muchas salidas, pero con frecuencia dejamos fuera la justicia, la misericordia, la honestidad, la solidaridad y el amor al prójimo.
La Biblia nos recuerda: “Hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Miqueas 6:8
Entonces debemos preguntarnos:
- ¿A dónde llegaremos si seguimos por el mismo camino?
- ¿Cómo salimos de este lodo social?
La restauración de un pueblo no comienza solamente cambiando gobernantes o estructuras. Comienza cuando cambia el corazón de su gente.
Necesitamos buenos líderes, pero también mejores ciudadanos; instituciones responsables, pero también familias fortalecidas; iglesias que oren, pero que también sirvan, acompañen y levanten su voz por la dignidad humana.
No todo está perdido. Dios sigue obrando. Puerto Rico necesita más que nuevas promesas: necesita justicia, compasión, conciencia y corazones transformados.
Y quizás la pregunta más importante sea: “Señor, ¿qué puedo hacer yo para ser parte de la restauración de mi pueblo?”
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