DESDE EL ESCRITORIO DEL PASTOR
Rdo. Sergio J. Valentín Reyes
jueves, 1 de octubre de 2026
CUIDEMOS EL NOMBRE DE LA IGLESIA: SEAMOS REALMENTE CRISTIANOS
La Iglesia no es solamente un edificio, un nombre en un rótulo o una institución a la que pertenecemos. La Iglesia somos nosotros, y cada palabra, cada actitud y cada decisión nuestra puede honrar o lastimar el testimonio de Cristo.
No podemos proclamar amor mientras sembramos división; hablar de perdón mientras alimentamos rencores; cantar sobre unidad mientras murmuramos unos contra otros. No podemos hablar de restauración si voluntariamente vivimos en pecado. Tampoco podemos exigir respeto para nuestra Iglesia si con nuestras acciones dañamos su nombre.
Ser cristiano no consiste solamente en asistir al culto, ocupar una posición o decir que creemos en Dios. Ser cristiano es procurar parecernos a Cristo, especialmente cuando estamos molestos, cuando pensamos diferente y cuando nadie nos está observando.
La mejor manera de cuidar el buen nombre de la Iglesia es vivir de tal forma que, cuando alguien nos vea, pueda reconocer algo de Jesús en nosotros. Aún más, cuando creemos que nadie nos ve, no debemos olvidar que Dios siempre nos ve.
“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo…” Filipenses 1:27
Antes de hablar, preguntémonos: ¿esto edifica o destruye?
Antes de actuar: ¿esto honra a Cristo, le agrada a Él?
Antes de señalar a otro: ¿mi propia vida refleja el Evangelio que profeso?
Cuidemos nuestra Iglesia. Cuidemos su testimonio. Cuidemos a nuestros hermanos y hermanas. Pero, sobre todo, cuidemos que nuestro comportamiento no contradiga el nombre de Cristo que llevamos y el nombre de la Iglesia donde me congrego.
Porque el mundo necesita ver menos personas que simplemente se llaman cristianas y más personas que realmente vivan como Cristo, reflejen a Cristo y con su testimonio Cristo sea conocido.
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