DESDE EL ESCRITORIO DEL PASTOR
Rdo. Sergio J. Valentín Reyes
Viernes 18 de septiembre de 2026
NO DEJES QUE UNA HERIDA, UNA DECEPCIÓN BORRE CIEN BENDICIONES
“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” Salmo 103:2
Qué fácil se nos hace recordar lo que no nos gustó, lo que no salió como esperábamos, la palabra que nos incomodó, la decisión que no compartimos o aquello que no nos produjo satisfacción.
Pero, ¿qué sucede cuando nuestra memoria se vuelve selectiva? Se me puede olvidar el favor de Dios en mi vida. Se me pueden olvidar las oraciones contestadas, las puertas que Él abrió y las veces que me sostuvo cuando pensé que no podía continuar.
Y también se me pueden olvidar las cosas buenas de la iglesia que un día me acogió: las personas que oraron por mí, quienes me tendieron la mano, las enseñanzas que fortalecieron mi fe, los abrazos recibidos, los momentos de adoración, las lágrimas compartidas y las veces que encontré allí una familia espiritual.
Ninguna Iglesia es perfecta porque está compuesta por personas imperfectas. Habrá situaciones que deben corregirse y heridas que no deben ignorarse. Pero tampoco es justo permitir que una experiencia negativa borre años de bendiciones.
La gratitud también necesita memoria. Antes de concentrarnos únicamente en lo que falta, preguntémonos: ¿He olvidado todo lo bueno que Dios ha hecho conmigo? ¿Estoy permitiendo que una decepción borre cien bendiciones? ¿Recuerdo con la misma intensidad el amor recibido que aquello que me molestó?
Hoy hagamos memoria, pero memoria agradecida. Porque cuando recordamos correctamente, descubrimos que, aun en medio de las imperfecciones, Dios ha sido bueno, su gracia nos ha acompañado y muchas personas han sido instrumentos de su amor en nuestra vida.
No permitamos que lo que no nos gustó nos haga olvidar todo aquello por lo cual alguna vez dimos gracias.
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