DESDE EL ESCRITORIO DEL PASTOR
Rdo. Sergio J. Valentín Reyes
viernes, 11 de septiembre de 2026
CUANDO LA IGLESIA SE HIERE A SÍ MISMA
Una Iglesia no puede avanzar si termina peleando contra sí misma. Un buen equipo cuida a los suyos, protege la unidad y comprende que cada persona aporta a la misión. Sin embargo, muchas veces el mayor daño no viene de afuera, sino de adentro: las murmuraciones, la crítica destructiva, el menosprecio por lo que otros hacen, la falta de unidad y los ataques constantes contra quienes sirven y pastorean la Iglesia.
Cuando dejamos de valorar, apoyar, orar y construir juntos, debilitamos aquello mismo que decimos amar. Ningún equipo puede alcanzar su propósito si algunos avanzan mientras otros se dedican a herir, desacreditar o dividir.
La Palabra nos recuerda: “Si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.” Gálatas 5:15
La Iglesia necesita aprender nuevamente a cuidarse. Podemos señalar lo que debe mejorar, pero siempre desde el amor, el respeto, en el foro correspondiente y con el deseo de edificar. La misión es demasiado grande para gastar nuestras fuerzas destruyéndonos entre nosotros.
Una Iglesia fuerte NO es aquella donde todos piensan igual, sino aquella donde, aun con diferencias, decide caminar unida, cuidar a los suyos, combate las murmuraciones, comprometida con su congregación y mantener los ojos puestos en Cristo.
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