Los sueños son semillas que Dios planta en nuestro corazón. A veces nacen de una palabra que escuchamos, de una oración, de una experiencia, o de ese susurro del Espíritu que nos dice: “Para esto fuiste creado”. Sin embargo, hay momentos en la vida en que sentimos que esos sueños han sido secuestrados. Ya no los vemos claros, ni sabemos cómo recuperarlos.
¿Quién o qué ha secuestrado tus sueños?
Tal vez fue el miedo. Ese que paraliza y te susurra que no eres suficiente. O quizás fue el fracaso, que te hizo creer que ya no vale la pena intentarlo otra vez. Puede ser que alguien haya sembrado en ti palabras que apagaron tu pasión: “Eso no es para ti…”, “Eso es imposible…”, “Ya es muy tarde…”. A veces, quien secuestra nuestros sueños somos nosotros mismos, con nuestras dudas, decisiones mal tomadas o simplemente por haber dejado de creer.
Pero hoy, Dios te hace una pregunta: ¿Dónde están los sueños que puse en ti?
Recuperar tus sueños comienza con recordar quién los puso en ti.
No te resignes al cautiverio de lo que no fue. Pregúntale a Dios cómo reavivar lo que una vez te movió. Él puede rescatar tus sueños, y también puede rescatarte a ti, si eres quien los ha aprisionado.
Rebeca era niña que soñaba con cantar. No solo cantar, sino usar su voz para adorar a Dios. En su iglesia siempre que podía se ofrecía para participar en los coros, hasta que un día, alguien, con palabras muy duras le dijo:
«Rebeca, hay dones que no son para todos… eso no es para ti.»
Esa frase se le clavó en el alma como una espina. No lo discutió. Sonrió, se sentó… y desde ese día no volvió a cantar. Su sueño fue secuestrado por una opinión, y el miedo se encargó de mantenerlo cautivo durante años. Pensaba: “¿Y si tienen razón? ¿Y si no sirvo para esto? ¿Y si hago el ridículo delante de todos?”
Pasaron los años. Rebeca seguía sirviendo en otras áreas, pero cada vez que veía a alguien cantar con el alma, sentía una punzada en el corazón. Hasta que un día, en un retiro de mujeres, escuchó una predicación sobre los sueños que Dios nos da y cómo a veces permitimos que otros los entierren.
Lloró amargamente.
Esa noche, sin micrófono ni escenario, se atrevió a cantar en un pequeño grupo de oración. Y fue como si algo dentro de ella despertara. Una hermana se le acercó y le dijo: “Gracias por cantar. Dios me habló a través de tu voz.”
Desde entonces, Rebeca canta otra vez. No por aplausos, sino porque entiende que el llamado que Dios hace no depende de lo que otros dicen, sino de lo que Él deposita en el corazón.
Reflexiona:
¿Cuántas veces una frase, una burla o una mirada apagó un sueño tuyo?
Hoy es un buen día para preguntarle a Dios: ¿Qué sueño dejé morir porque otro dijo que no era para mí? Y comenzar el camino para recuperarlo.
Oración:
Señor, muéstrame si mis sueños han sido secuestrados por el miedo, la culpa, la rutina o la falta de fe. Ayúdame a recuperarlos, a confiar de nuevo, y a caminar hacia el propósito que Tú trazaste para mí. Amén.
Deja un comentario