Lucas 19:1-10
“Me siento vacío”. La gran mayoría de nosotros, sino todos, hemos pronunciado estas tres palabras alguna vez en nuestra vida. Estas tres palabras son la expresión para comunicar a otros y a nosotros mismos que algo nos hace falta. Algunos hemos buscado llenar ese vacío comprando cosas. Otros hemos buscado llenar ese vacío con una pareja, y nos hemos lanzado a una relación amorosa. Otros hemos buscado llenar ese vacío a través de alguna religión. Otros hemos buscado un nuevo trabajo. Algunos hemos buscado mudarnos a otro lugar. Otros nos hemos puesto a tener hijos. Lo cierto es que el vacío que ha existido, o todavía existe en nuestro ser, lo hemos querido llenar de alguna forma.
Hoy, al estudiar la historia de Zaqueo y Jesús, veremos que los problemas más complejos y profundos que tiene la humanidad son de carácter espiritual. Estos problemas son consecuencia de un vacío en el ser humano que nada ni nadie puede llenar, solo el amor de Cristo. El amor de Cristo es el único amor perfecto e incondicional que un ser humano puede experimentar en la vida. Cuando Jesucristo entra en la vida de un ser humano y le llena con su amor (como ocurrió con Zaqueo), los vacíos más profundos del ser humano son llenos. Con Cristo el ser humano encuentra paz porque ya no es necesario buscar nada en ningún lugar: Cristo es suficiente. Este amor de Cristo no solo llena al ser humano, sino que transforma aquellas áreas de su vida más oscuras, y le guía hacia una nueva vida caracterizada por el servicio y la generosidad. Sin Cristo, siempre estaremos vacíos, sin paz, en oscuridad y en una vida sin propósito. Con Cristo seremos llenos, y ya no habrá vacío.
La primera vez que yo escuché acerca de Zaqueo, no fue leyendo la Biblia, sino a través de un corito que se cantaba en el colegio que decía algo así: “Zaqueo era un chaparrito así…” La realidad es que Zaqueo no solo “era un chaparrito así”. Zaqueo era un hombre rico como consecuencia de su trabajo como jefe de los recaudadores de impuestos. Los recaudadores de impuestos eran personas que estaban en una clase social baja, no necesariamente porque eran pobres, sino por su reputación. Estas personas se dedicaban a trabajar para el imperio Romano recaudando impuestos. Eran judíos trabajando para el imperio que les dominaba. Eso era suficiente para llamarles traidores. Pero peor aún, cobraban impuestos de más para su lucro personal. Los recaudadores de impuestos no solo eran traidores, eran corruptos. La comunidad religiosa catalogaba a estas personas como pecadoras, porque fallaban en cumplir la ley. Zaqueo no era un recaudador de impuestos, era el jefe de los recaudadores de impuestos. Así que Zaqueo no era un traidor, corrupto y pecador como los demás; Zaqueo era el jefe de los traidores, corruptos y pecadores.
Su estilo de vida nos da una idea de que no todo en la vida de Zaqueo andaba bien. Es posible que su trabajo, su dinero o sus posesiones no le llenaran. Algo estaba ocurriendo en Zaqueo, que cuando Jesús pasó por su ciudad, Jericó, Zaqueo buscó la forma de verle. Como era de poca estatura, no pudo ver a Jesús entre la multitud, y se subió a un árbol sicómoro para así poder verlo. Lo que ocurre luego es asombroso. Zaqueo pensaba que él era el que quería ver a Jesús, pero luego se da cuenta que Jesús era quién quería verle a él. Lucas nos dice que “Cuando Jesús pasó, miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre: ¡Zaqueo! —le dijo—, ¡baja enseguida! Debo hospedarme hoy en tu casa». Jesús se acerca para ir hasta la casa del jefe de los traidores, corruptos y pecadores. Zaqueo buscó a Jesús, pero no sabía que ya Jesús le había buscado a él. ¿Por qué Jesús buscó a Zaqueo? Porque Jesús sabía de la necesidad de Zaqueo, sin que Zaqueo se lo hubiera dicho. Jesús conocía lo que estaba ocurriendo en la vida de Zaqueo y decide ofrecerle lo único que podía llenarle verdaderamente: Jesús le ofrece su amor perfecto e incondicional. Jesús amaba a Zaqueo, y quería su bienestar.
Jesús amaba tanto a Zaqueo, tal y como era, que en vez de juzgarle como los demás lo estaban haciendo, decide auto-invitarse al hogar de Zaqueo. Jesús sabía de la necesidad de Zaqueo, y la propuesta de Jesús de ir hasta su casa, no era solo una auto-invitación para ir a comer. La auto-invitación de Jesús fue una forma en que Jesús le dijo a Zaqueo: tú me necesitas en tu vida, y aquí estoy, quiero estar contigo, quiero amarte, quiero transformarte y quiero darle un nuevo significado a tu vida. La propuesta de Jesús tenía el propósito de llenar los vacíos más profundos de Zaqueo, que ninguna de sus posesiones le había podido llenar. Jesús sabía mejor que Zaqueo, que lo que Zaqueo necesitaba era recibir el amor de Cristo en su vida.
La historia misma nos hace ver que en efecto Zaqueo tenía necesidad, estaba vacío y necesitaba llenarse con el amor de Jesús. El verso 6 nos dice que “Zaqueo bajó rápidamente y, lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa”. Zaqueo aprovechó la oportunidad y aceptó la auto-invitación de Jesús. Allí en su hogar, Zaqueo recibe a Jesús, y es transformado por su amor. La presencia de Jesús en el hogar de Zaqueo, transformó a Zaqueo. Evidencia de esta transformación es que mientras Jesús está en su casa, “Zaqueo se puso de pie delante del Señor y dijo: Señor, daré la mitad de mi riqueza a los pobres y, si estafé a alguien con sus impuestos, le devolveré cuatro veces más.” El amor de Jesús cambió a Zaqueo, y de ser un traidor, corrupto y pecador, viene a ser un instrumento para bendecir a los demás a través del servicio y la generosidad. El fruto de haber recibido a Jesús en su hogar fue una nueva vida, no vivida para él mismo, sino para los demás. Ahora Zaqueo no le quitaría a la gente, le daría.
Ante esta experiencia, Jesús dice: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues este hombre también es hijo de Abrahán.» ¿Por qué Jesús dice que había llegado la salvación a esta casa? Porque Cristo había llegado a la vida de Zaqueo, y le había llenado, transformado y dado un nuevo significado a su vida. La salvación, tomando como ejemplo esta hermosa historia, puede definirse de la siguiente manera: El amor incondicional de Cristo que llena el vacío de cada ser humano. Ese amor trae paz al ser humano, transforma aquellas áreas de su vida más oscuras, y le guía hacia una nueva vida caracterizada por el servicio y la generosidad.
Algo muy importante acerca de la salvación, es que comienza en Cristo y su amor incondicional hacia la humanidad. 1 Juan 4:10 dice: “En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.” Dios ya decidió amar a cada ser humano. No importa quiénes seamos para la sociedad, la edad que tengamos, la forma en que nos vestimos o peinamos, la forma en que hablamos, el color de nuestra piel, si tenemos tatuajes o no, la familia de donde venimos, si hemos estudiado o no, nuestra nacionalidad, nuestra profesión o trabajo, nuestra apariencia física, nuestros errores o pecados cometidos, nuestra orientación o preferencia sexual, nuestra preferencia política o nuestro estilo de vida, Dios nos ama. Cuando el ser humano acepta y recibe este amor incondicional de Dios, el fruto es una vida llena de paz, transformación y propósito.
San Agustín resume muy la paz que trae el amor incondicional de Cristo cuando dijo: «Tú nos hiciste para ti, y nuestras almas no descansan hasta que descansan en ti». Cuando de una vez y por todas podemos llenar ese gran vacío que hay en nuestro ser, experimentamos paz. Al fin podemos descansar de nuestra búsqueda por llenar ese vacío. Esa paz es la que Pablo escribe en Filipenses 4:7 “Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” Jesús mismo nos dice en Juan 14:27: «La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo».
Así como Zaqueo fue transformado por la presencia de Jesús en su hogar, cuando Jesús llega a nuestra vida, su amor nos transforma. Todos y todas luchamos con áreas oscuras de nuestra vida que quisiéramos cambiar. Áreas que nos traen culpa y vergüenza. Algunos hemos aprendido que tenemos que cambiar esas áreas de nuestra vida para poder ser amados por Jesús o por la iglesia. Esto es incorrecto. No tenemos que cambiar para estar con Cristo y disfrutar de su amor, el estar con Cristo y disfrutar de su amor nos va a cambiar. 2 Corintios 5:17 nos dice: “De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!” Gálatas 5:22: «En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio.» La transformación es un regalo de Dios para nuestra vida cuando aceptamos y recibimos su amor incondicional.
El amor de Cristo le da un nuevo significado a nuestra vida. Su amor nos impulsa a desprendernos de lo que tenemos para bendecir a otras personas. El amor de Cristo nos hace entregarnos a propósitos muchos mayores que los nuestros, de manera que nuestras vidas tengan trascendencia y propósito. El amor de Cristo nos hace pensar en cosas más importantes, en las cosas eternas e invisibles como dice Colosenses 3:2: «Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.» El amor de Cristo nos impulsa a vivir como Jesús mismo vivió: “Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). El amor de Cristo nos lleva a pensar como Viktor Frankl cuando dijo: «He encontrado el significado de mi vida, al ayudar a los demás a encontrar en sus vidas un significado».
Cristo es suficiente para la vida de un ser humano. El amor incondicional y perfecto de Cristo puede llenar el vacío más profundo del ser humano y traer paz, transformación y propósito a la vida del ser humano. Sin Cristo, siempre estaremos vacíos, sin paz, en oscuridad y en una vida sin propósito. De la misma forma que Jesús trajo salvación a la vida de Zaqueo, quiere también traerla a tu vida. Nuestra única decisión es abrirle la puerta de nuestra vida a Cristo y recibir su amor incondicional. Abre hoy tu vida al amor de Cristo. Cristo será suficiente.
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