A veces, con el corazón sincero, extiendes la mano… pero no te la toman.
Buscas ser amigo… pero te tratan como si no estuvieras.
Duele, sí. Pero no dejes de hacer el bien.
Aunque tu presencia no sea reconocida, tu oración puede abrir caminos donde las puertas se cerraron.
Dios ve lo que el otro no mira, y valora lo que otros descartan.
Así que sigue amando como te impulsa el Señor… aunque no sea valorado.
Y sigue orando… porque en el cielo nada se pierde y Dios escucha.
«No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos si no desmayamos.»
Gálatas 6:9
Deja un comentario