¿PORQUÉ DIOS NO NOS EXIME DEL SUFRIMIENTO?

Muchas veces, en medio del dolor, surge una pregunta honesta y profunda: “¿Por qué Dios no nos libra del sufrimiento?” Si Él es todopoderoso y bueno, ¿por qué permite que sus hijos pasen por pruebas, pérdidas, enfermedades o injusticias? Esta pregunta no tiene una respuesta sencilla, pero sí puede ser vista desde la luz de la fe y de la cruz. Te comparto una mirada sobre el particular desde el corazón pastoral.

1. El sufrimiento no es ausencia de Dios, sino lugar de encuentro con Él

Dios nunca prometió una vida sin dolor, pero sí prometió estar con nosotros en medio del dolor. Isaías 43:2 dice:

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán…”
Dios no evita siempre la tormenta, pero camina con nosotros en ella. Y muchas veces, es justo en el quebranto donde más claramente escuchamos su voz, donde nuestra fe se vuelve real y nuestra dependencia de Él se profundiza.

2. Cristo también sufrió

Jesús mismo no fue eximido del sufrimiento. En la cruz, el Hijo de Dios experimentó el abandono, el dolor físico, la humillación y la muerte. Él no vino a evitarnos todo sufrimiento, sino a redimirlo. Hebreos 5:8 dice que «aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció».
Si el propio Cristo no fue eximido del sufrimiento, ¿por qué esperaríamos nosotros una vida completamente libre de él?

3. El sufrimiento nos moldea

El sufrimiento, aunque no lo entendamos del todo, puede convertirse en un instrumento de crecimiento espiritual. El apóstol Pablo dijo:

“…la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” (Romanos 5:3-4).
Dios permite que atravesemos ciertas pruebas no por crueldad, sino porque ve más allá de lo que nosotros vemos. A través del dolor, muchas veces nacen la humildad, la compasión, el carácter y una fe más profunda.

4. Dios usa el sufrimiento para cumplir su propósito eterno

Nuestra vida no es solo sobre el aquí y el ahora. Hay un propósito eterno en marcha. A veces Dios permite que atravesemos valles oscuros para alcanzar cumbres que no podríamos alcanzar de otra forma.
Job, después de su gran sufrimiento, pudo declarar:

“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).
Su dolor fue el camino hacia un conocimiento más profundo de Dios.

5. Dios promete consuelo y redención

Dios no se complace en nuestro dolor, pero promete que nada se perderá. En Cristo, cada lágrima será contada y cada herida será sanada. Apocalipsis 21:4 nos recuerda que vendrá un día donde:

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor…”

* En los últimos años como familia hemos tenido que manejar diferentes situaciones difíciles. Un infarto a mi papá, luego un tipo de cáncer que recientemente se ha extendido a otro lugar de su cuerpo, el alzheimer, la muerte repentina de mi suegra y otros eventos que nos han impactado. Nos quebrantamos, lloramos, pero el denominador común ha sido, la presencia de Dios sosteniéndonos e dándonos paz en medio del sufrimiento.

Por lo tanto, es pisible decir que Dios no siempre nos exime del sufrimiento porque en medio de él forja nuestra fe, nos transforma y nos revela su presencia de formas profundas. Aunque el dolor no siempre tiene una explicación, sí puede tener un propósito. Lo más hermoso es saber que no sufrimos solos: Cristo sufrió con nosotros, y ahora camina con nosotros. Y si sufrimos con Él, también reinaremos con Él (2 Timoteo 2:12).

“No pido que se me quite la carga, sino que se me fortalezca la espalda. No pido que se acabe el valle, sino que Dios me enseñe a caminar con Él en medio de él.”

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