EL PODER DE CONVOCATORIA QUE QUISIERA TENER…

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Una reflexión desde el corazón pastoral

A veces como pastores, ministros, líderes de fe, miramos con cierta mezcla de asombro y anhelo el poder de convocatoria que tienen ciertas figuras públicas: artistas, influencers, personajes que en un abrir y cerrar de ojos llenan estadios, mueven multitudes, generan tendencias, provocan largas filas y convocan corazones con solo un anuncio o un video en redes sociales, pero en nuestro caso, convocamos para los asuntos del Reino de Dios.

Confieso que alguna vez he pensado:
“¡Cómo quisiera tener ese poder de convocatoria! ¡Cómo quisiera que al anunciar un culto, una vigilia, una actividad evangelística, algún evento de la Iglesia,una escuela bíblica, la gente respondiera con ese mismo entusiasmo, con esa energía, con esa entrega y devoción!”

Después reflexiono y me pregunto:
¿Por qué estas personas logran ese alcance? ¿Qué es lo que mueve a las multitudes? ¿Qué anhelan los corazones que se sienten atraídos por estos llamados? ¿Qué sucede en los oídos, en los corazones que no responden a la invitación de las cosas de Dios?

Es cierto que muchos de esos espacios a los que hago referencia no edifican la vida espiritual, no fortalecen los valores del Reino, ni promueven la esperanza eterna que solo en Cristo hallamos. Y sin embargo, las personas acuden… escuchan… se sienten convocadas…lo hacen masivamente y sin considerar inconvenientes.

Entonces surge una inquietud en mi corazón pastoral: ¿Qué está faltando en nuestro llamado como Iglesia? ¿Será que muchas veces anunciamos el Evangelio con palabras, pero sin la pasión, cercanía y creatividad que hoy buscan los corazones? ¿Será que hemos olvidado que el Evangelio es una Buena Noticia que debe llegar no solo al oído, sino al alma?

No se trata de competir con Bad Bunny, con influencers o con las modas del momento. El Evangelio no es espectáculo, es vida. No es show, es verdad eterna. No es un “trending topic”, es la Palabra de Dios que permanece para siempre. El anuncio que hacemos no es validado, pero encierra la gran verdad para el hoy y para la eternidad.

Tal vez falta algo, la pasión: esa pasión que comunica. Tal vez hace falta, creatividad, esa que abre puertas. Tal vez, se necesita cercanía, esa que toca corazones. Jesús mismo lo hizo: hablaba en parábolas que la gente entendía; caminaba entre los sencillos; se acercaba a los que la religión despreciaba; convocaba multitudes no con luces ni tarimas, sino con amor, verdad y autoridad espiritual.

Mi oración como pastor hoy es esta:
“Señor, dame no el poder de convocatoria que tienen las figuras de este mundo, sino el poder del Espíritu Santo que haga a la gente escuchar y sus vidas transformadas. Dame palabras que enciendan el corazón, gestos que reflejen tu amor, un mensaje que haga vibrar el alma. Que al servirte y servir a tu pueblo, los corazones sean tocados y lleguen a tu casa con gozo y entusiasmo. No anhelo ser viral, anhelo serte fiel. Y si en tu gracia me concedes también alcance, que sea para tu gloria y para la edificación de tu pueblo.”

Que como Iglesia, aprendamos a hablar el lenguaje de este tiempo, sin perder la esencia del Evangelio. Que el fuego del Espíritu Santo nos dé una voz profética, una presencia pastoral y un testimonio que convoque no por moda, sino por necesidad del alma y las personas sean tocadas y respondan al llamado que hacemos en tu nombre.

Porque el mundo necesita esperanza.
Porque Cristo sigue siendo la mejor noticia.
Y porque Su Evangelio es el mensaje que puede satisfacer verdaderamente las necesidades del ser humano.

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