TENER PAZ CUANDO LA AFLICCIÓN QUIERE TOMAR CONTROL

La vida, en sus giros inesperados, a veces nos coloca frente a situaciones que amenazan con desbordar nuestro corazón. La aflicción llega sin pedir permiso: una enfermedad, un problema familiar, una pérdida, una incertidumbre que no sabemos cómo manejar. Y en medio de ese torbellino, sentimos cómo la ansiedad y el temor quieren tomar control de nuestra mente y nuestras emociones.

Sin embargo, como hijos de Dios, no estamos llamados a vivir esclavos de esas emociones. Jesús mismo nos dejó esta promesa: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

La paz de Cristo no depende de las circunstancias externas. Es una paz que brota de la certeza de que Dios está en control, que nada escapa de Su mirada y que Su amor por nosotros es inquebrantable.

Cuando la aflicción quiera gobernar tu interior, recuerda: tú puedes escoger anclarte en las promesas de Dios. La oración, la Palabra y la comunión con el Señor son fuentes inagotables de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. No se trata de negar el dolor, sino de entregarlo en manos de Aquel que puede sostenerte y darte fuerzas.

Recuerdo una ocasión en mi vida en que la aflicción quiso tomar control. Fue cuando recibimos un diagnóstico inesperado en la familia. El temor y la incertidumbre comenzaron a llenar mis pensamientos, robándome el sueño y la calma.

Una noche, mientras oraba, abrí la Biblia y mis ojos se posaron en Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Fue como si Dios mismo me hablara. No todo cambió a mi alrededor, pero sí cambió algo dentro de mí. La paz de Dios inundó mi corazón. Pudimos y aun enfrentamos el proceso con serenidad y fe, confiando en que el Señor está con nosotros. Y al final, afirmamos que Su fidelidad se manifesta de maneras que nunca imaginamos.

Hoy puedo decir que es verdad: cuando ponemos nuestra confianza en Él, Su paz vence a la aflicción.

Cada vez que la aflicción intente gobernarte, proclama con fe: “Jehová es mi pastor; nada me faltará… Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23). Y verás cómo la paz de Dios llenará tu mente y tu corazón, aun en medio de la tormenta.

Hoy, decide confiar. Decide descansar en el Dios que nunca falla. Y aunque el enemigo quiera sembrar angustia, tú podrás caminar con la paz de Cristo como guardián de tu alma.

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