EL PITO DEL SALVAVIDAS

En la playa o en la piscina, es común escuchar el silbato o pito del salvavidas. No es un sonido cualquiera. Es un sonido que alerta, que despierta, que advierte. A veces corta la risa de los bañistas, interrumpe el juego de los niños, detiene la distracción de los adultos. ¿Por qué? Porque anuncia que algo no está bien. Puede ser un niño que se ha alejado demasiado, una corriente peligrosa que se acerca, un nadador en apuros.
El pito del salvavidas no es para asustar, sino para salvar.

Tal vez, el pito o silbido del salvavidas molesta, incomoda, no nos gusta escucharlo, pero… es necesario.
Si no sonara, muchos no despertarían a tiempo. Si no interrumpiera, quizás el peligro los alcanzaría. Si no llamara la atención, vidas podrían perderse.

Así también es la voz de Dios en nuestra vida. A veces vamos sumergidos en las aguas de este mundo: trabajo, rutina, placer, preocupaciones, distracciones. Y cuando menos lo esperamos, el Espíritu Santo sopla un silbido en nuestro corazón: una palabra que nos inquieta, una predicación que nos confronta, un versículo que nos despierta. Y como el pito del salvavidas, esa voz de Dios corta nuestra indiferencia para llamarnos a volver a la orilla, a la seguridad de Su presencia.

La Biblia dice: “Hoy, si oyen su voz, no endurezcan sus corazones” (Hebreos 3:15).

No ignores el silbido de Dios. No pienses que puedes seguir flotando en tus propias fuerzas. Si Él te llama la atención, es por amor.
Si te detiene, es para librarte de un mal mayor.
Si te despierta, es para salvarte.

Recuerda: el salvavidas no pita por molestia, sino por misericordia.
Dios no te habla para condenarte, sino para rescatarte.

Hoy es un buen día para escuchar Su silbido y volver al refugio de Su amor.
¡El Señor es nuestro verdadero Salvador!

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