Nos llenamos de tantas cosas… trabajo, compromisos, viajes, metas, redes, actividades y sueños por conquistar. Y mientras avanzamos, casi sin darnos cuenta, personas valiosas van quedando atrás. No porque hayan dejado de importarnos, sino porque la prisa nos robó el tiempo de calidad, las llamadas sinceras y los abrazos necesarios, al darle prioridad a otras cosas.
Y entonces un día… ya no están, nos damos cuenta que ya no están. El silencio se vuelve más fuerte que las conversaciones que nunca tuvimos. Los mensajes no leídos ya no tendrán respuesta. Y nos invade la nostalgia de lo que fue y lo que pudo ser. Extrañamos sin habernos despedido como debió ser. Recordamos sin haber valorado y estado como debió ser. Lloramos sin haber agradecido, reído como nos necesitaron.
Esta vida corre, pero el corazón necesita pausas. Pausas para amar, para visitar, para perdonar, para decir: “te necesito” o simplemente “gracias por estar”.
No esperemos a que la ausencia nos enseñe lo que la presencia silenciosa ya gritaba. Reconozcamos que no es que no podemos, mas bien no hemos sido determinados y firmes para decidir.
Hoy es buen día para hacer memoria, para reconectar, para llamar, para volver.
Porque más allá de las metas que logremos, serán las personas que amamos las que darán verdadero sentido a nuestra historia. Esa historia que no la validará una cuenta bancaria, ni las marcas que tenga un pasaporte por los viajes realizados, sino la presencia en la vida, en lo cotidiano, en la soledad de quienes nos necesitan hoy.
Haz tiempo, no solo recuerdos.
Haz espacio, no solo agendas.
Haz vida, no solo planes.
Que el tiempo, no sea para tú sentirte bien.
Que ese espacio, no sea condicionado.
Que esa vida, muestre a Dios en tu ser.
Deja un comentario