LOS ANHELOS DEL CORAZÓN Y LA FE QUE SE LANZA

La Biblia nos recuerda en el Salmo 37:4:
“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.”
Este versículo no es una promesa mágica de cumplimiento automático, sino una invitación a alinear nuestros anhelos con el corazón de Dios. Cuando nos deleitamos en Él, cuando lo ponemos en el centro de nuestras vidas, nuestros deseos se purifican, se afinan y comienzan a reflejar Su voluntad.

Pero hay un paso de fe que no se puede obviar: atreverse a lanzarse.
Muchos sueños mueren en la orilla, no porque Dios no los quiera cumplir, sino porque no nos atrevimos a dar el paso. Así como Pedro se atrevió a caminar sobre las aguas al encuentro de Jesús (Mateo 14:28-29), así también nosotros debemos tener el valor de salir de la barca de la comodidad, del miedo o de la duda.

Dios honra la fe que actúa. El anhelo sin acción se queda en deseo; el anhelo con fe se convierte en testimonio. ¿Cuántas veces has sentido en lo profundo de tu ser que Dios te está llamando a algo más, a algo grande, a algo distinto? ¿Y cuántas veces has pospuesto el salto por temor?

La fe no garantiza que todo saldrá como lo planeamos, pero sí asegura que Dios irá con nosotros.
No se trata de perseguir cualquier anhelo, sino aquellos que han nacido en la oración, en la intimidad con Dios, y que llevan el sello de su propósito. Cuando eso ocurre, la fe no es un salto al vacío, es un salto en los brazos de Aquel que nos sostiene.

Atrévete. Cree. Lánzate.
No dejes que tus anhelos vivan y mueran en la intención.
Dios es especialista en convertir lo imposible en historia de vida.

Hoy puede ser el primer día de algo extraordinario.
Solo necesitas fe… y dar el primer paso.

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