Dios es un Dios de propósitos. Él quiere obrar en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestras comunidades. Sin embargo, muchas veces esperamos que Dios lo haga todo sin reconocer que también hay una parte que nos toca cumplir. La Biblia está llena de historias donde el obrar divino se activa cuando la obediencia humana entra en escena.
En Juan 11, Jesús llegó al sepulcro de Lázaro. Él tenía el poder para resucitarlo, pero antes pidió: “Quitad la piedra”. Dios iba a hacer el milagro, pero los hombres tenían que remover el obstáculo. Este patrón se repite una y otra vez: Dios quiere hacer algo, pero tú tienes que hacer algo. Fe y acción van de la mano.
Una joven llamada Ana sentía en su corazón el deseo de estudiar medicina. Desde pequeña decía que quería sanar vidas, pero en su comunidad muchos le decían: “Eso no es para gente como tú”. Un día, orando en la iglesia, sintió que Dios le decía: “Ese sueño es parte de mi plan, pero tú debes dar el primer paso”. Con miedo, pero con fe, aplicó a una beca. La rechazaron. Lloró, pero no se rindió. Aplicó a otra… y fue aceptada. Hoy es doctora en un hospital rural, y cada paciente que atiende siente que es parte de una obra mayor. Dios quería hacer algo… y ella también tuvo que moverse.
Finalmente te recuerdo, que no basta con desear que las cosas cambien; hay que mover la piedra. Dios quiere sanar, restaurar, abrir caminos, levantar sueños… pero tú debes orar, creer, actuar y obedecer. ¿Qué piedra tienes que mover hoy para que Dios haga lo que quiere hacer en ti?
Deja un comentario