CUANDO TOCAMOS FONDO

Tocar fondo es una de las experiencias más difíciles que puede atravesar el ser humano. Es el momento donde ya no hay fuerzas, donde todo parece perdido, donde el alma se siente rota y la esperanza parece haberse esfumado. Sin embargo, en el lenguaje de la fe, tocar fondo no es el fin, sino el punto donde Dios comienza a obrar con más claridad y poder.

Cuando tocamos fondo por haber fallado y nos sentimos miserables…
Cuando tocamos fondo por un diagnóstico que nos sacude la vida…
Cuando el alma se quiebra por pérdidas, traiciones o cansancio…
Aun allí, Dios está presente.

La Biblia está llena de historias de personas que tocaron fondo: Job perdió todo y se sentó sobre cenizas; el hijo pródigo se encontró deseando la comida de los cerdos; Pedro negó al Maestro y lloró amargamente. Pero en cada caso, ese momento oscuro se convirtió en el inicio de un nuevo capítulo, de una restauración divina.

Dios no se espanta de nuestras caídas; al contrario, se acerca más. El salmista escribió: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Salmo 34:18). Es precisamente en el fondo donde dejamos de depender de nosotros mismos y empezamos a depender de Él.

Tocar fondo nos enseña humildad, nos libra del orgullo, y nos recuerda que nuestra fuerza no está en lo que poseemos, sino en Aquel que nos sostiene. Allí, cuando ya no podemos bajar más, descubrimos que Cristo es la roca firme sobre la cual se puede comenzar de nuevo.

Si hoy sientes que has tocado fondo, recuerda: no estás solo. Dios está contigo en el fondo, y desde ahí puede levantarte con nuevas fuerzas, restaurarte con su amor, y escribir contigo una historia aún más hermosa que la que imaginaste.

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