A veces reconocemos que hay algo que Dios ha puesto en nuestro corazón: una decisión que tomar, una conversación que tener, una reconciliación pendiente, un paso de fe que dar… o incluso ayudar a alguien que sabemos que tiene una necesidad. Pero, sin darnos cuenta, lo vamos posponiendo. Decimos: “mañana”, “más adelante”, “cuando tenga tiempo”… y el corazón se va enfriando.
El apóstol Pablo nos recuerda: “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2). Dios no trabaja con excusas ni con retrasos. Él llama hoy, toca hoy, espera hoy.
¿Qué has ido posponiendo? ¿La oración que necesitas retomar? ¿El perdón que debes otorgar? ¿El servicio que sabes que te está pidiendo? ¿La ayuda que sabes que alguien necesita y tú puedes brindarle? ¿Hacer ajustes en mi agenda para congregarme más y así fortalecer mi relación con el Señor? El mañana no nos pertenece, pero el hoy sí podemos ofrecérselo a Dios.
No sigas posponiendo lo que el Espíritu Santo ya te ha confirmado. Hazlo hoy. Decide hoy. Camina hoy. Porque cuando obedecemos, Dios obra.
Hoy es tiempo de actuar en fe y en amor.
Deja un comentario