Hoy en el inicio de la Semana Santa de 2025, un gran amigo, el hno. Cesar Ruíz Pérez, nos presentó de manera extraordinaria en su sermón detalles sobre lo que él llamó, el extraño reino que Jesús anunció durante y con su ministerio público. Cuando Jesús hablaba del Reino de Dios, sus palabras desafiaban las expectativas humanas. No se trataba de un imperio con ejércitos, riquezas o conquistas territoriales. Su reino no era como los reinos de este mundo. Era, en muchos sentidos, un extraño reino: sin fronteras geográficas, sin armas, sin palacios… pero lleno de verdad, gracia y poder transformador.
“Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36), dijo Jesús ante Pilato. En esas pocas palabras, reveló una realidad desconcertante: su trono era una cruz, su corona tenía espinas y sus seguidores no luchaban con espadas, sino con amor y perdón.
En este extraño reino:
1. Los últimos son los primeros (Mateo 20:16).
2. El mayor es el servidor de todos (Mateo 23:11).
3. Se gana la vida al perderla por Él (Mateo 16:25).
4. Se ama al enemigo y se ora por el que persigue (Mateo 5:44).
Este reino no busca imponerse, sino transformar corazones. No se edifica con poder político, sino con justicia, misericordia y humildad. Es un reino que crece como una semilla, silencioso pero imparable. Y aunque es invisible a los ojos del mundo, es más real que cualquier imperio terrenal, porque es eterno.
Hoy, se nos invita no solo a admirar ese extraño reino, sino a pertenecer a él. A vivir según sus valores. A ser ciudadanos del Reino que no parece, pero que es. Porque en la paradoja de la cruz y la resurrección, descubrimos la entrada a ese Reino: un Rey crucificado que venció con amor.
La pregunta que entonces debemos formular y contestar es:
¿Te atreves a vivir en este Reino?
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