NO HACER INVISIBLES A LOS QUE DECIMOS AMAR

Nos vamos embarcando en tantos proyectos en la vida… sueños por alcanzar, metas que conquistar, responsabilidades que atender. Y en ese afán, sin darnos cuenta, vamos dejando de mirar a quienes caminan a nuestro lado desde el inicio: padres que nos criaron, hermanos que compartieron la infancia, hijos que esperan nuestra atención más que nuestros logros.

Estamos tan enfocados en construir el mañana que olvidamos vivir el presente con ellos. Nos convencemos de que el sacrificio vale la pena, que después habrá tiempo, que sabrán entender… pero el tiempo no espera. Las llamadas que no hicimos, los abrazos que postergamos, las conversaciones que dejamos para “cuando haya calma”… todo eso deja huellas de ausencia.

Puede que logremos los proyectos, que obtengamos el aplauso del mundo, pero si hicimos invisibles a los nuestros, ¿habremos triunfado de verdad? El verdadero éxito es aquel que se celebra en casa, con los nuestros, con la mirada limpia de quien supo valorar lo esencial.

Nunca es tarde para volver a mirar, para volver a amar con presencia. Porque ellos no quieren nuestros logros; nos quieren a nosotros.

Deja un comentario