MIL DÍAS DE GRACIA

Mil días, Señor, y aún me asombro,
de cómo guías firme mi andar,
de cómo en medio del gozo y del llanto
tu voz me enseña a pastorear.

Es la Iglesia que crecí desde niño
y ahora me honras pastorear…
¡Qué misterio tan grande y tan tierno!
¡Qué llamado tan lleno de amar!

Mil amaneceres contigo en mi alma,
mil noches de oración y de paz,
mil veces he visto tu mano extendida,
mil veces volví a descansar.

Con cada sermón, cada abrazo ofrecido,
con cada lágrima en el altar,
he visto a tu pueblo crecer en esperanza,
he visto tu Espíritu actuar.

No han sido caminos sin lucha o sin pruebas,
mas siempre has estado aquí,
como Pastor que al Pastor acompaña,
como roca, refugio y sostén sin fin.

Gracias, Señor, por esta encomienda,
por confiarme tu grey con amor,
por cada palabra, por cada silencio,
por cada “sí” que brotó del dolor.

Mil días contigo, ¡qué hermoso regalo!,
mil días sirviendo en tu altar.
Y mientras me prestes aliento y camino,
¡mil veces más quiero caminar!

Deja un comentario