NADIE ES DUEÑO DE NADIE EN UNA RELACIÓN: EL RESPETO DEBE IMPERAR

En una relación de pareja, el amor no se trata de posesión, sino de compartir. Dos personas deciden caminar juntas, pero eso no significa que una de ellas deba someterse a la otra o perder su identidad en el proceso. Cuando el respeto es la base de la relación, hay libertad para crecer, para expresarse y para ser uno mismo sin miedo.

Sin embargo, es fundamental estar atentos a las señales de violencia, porque estas no siempre son evidentes desde el principio. La violencia no es solo física; también puede ser verbal, emocional o psicológica. Comentarios hirientes disfrazados de bromas, celos excesivos, intentos de controlar la vida del otro o hacer sentir culpa constantemente son signos de alerta que no deben ignorarse.

El amor verdadero no se impone ni se exige, se entrega con libertad. Donde hay respeto, hay confianza y un espacio seguro para ambos. Pero donde hay violencia, hay sufrimiento y deterioro. No se debe justificar ni minimizar ningún tipo de maltrato. Si aparecen señales de abuso, es necesario actuar temprano: buscar apoyo, poner límites y, si es necesario, alejarse.

Una relación sana se construye con amor, comunicación y respeto mutuo. Cuidemos nuestra dignidad y valoremos nuestras emociones, porque merecemos un amor que nos haga bien, no que nos destruya.

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