En un mundo donde muchas veces el enfoque está en la comodidad, la satisfacción personal y el servicio a nuestras preferencias, es fácil caer en la tentación de ver la iglesia como un lugar que debe ajustarse a nuestras expectativas. Pero, ¿es ese el verdadero propósito de la iglesia?
Cristo nos dejó el ejemplo perfecto. «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45). Su vida fue un testimonio de humildad y entrega, llamándonos a seguir el mismo camino.
Cuando buscamos una iglesia, debemos preguntarnos:
¿Estoy aquí solo para recibir o también para dar?
¿Vengo con una actitud de exigencia o con un corazón dispuesto a servir?
¿Deseo que me honren o quiero reflejar la humildad de Cristo?
No se trata de encontrar una iglesia que cumpla todos nuestros gustos, sino una comunidad donde podamos crecer en la fe y servir a los demás. La verdadera grandeza en el Reino de Dios no se mide por cuántos nos sirven, sino por cuánto estamos dispuestos a servir.
Jesús nos enseñó que en su Reino, «el mayor entre vosotros sea vuestro siervo» (Mateo 23:11). Por lo tanto, en lugar de buscar una iglesia que nos trate como reyes o reinas, busquemos ser siervos fieles que reflejen el amor y la humildad de Cristo en cada acción.
Oración
Señor, ayúdame a buscar una iglesia no con la actitud de quien exige, sino con el corazón de quien está dispuesto a servir. Enséñame a reflejar tu humildad y amor en cada área de mi vida. Amén.
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