El ayuno es una práctica espiritual poderosa que nos acerca a Dios, pero no se trata solo de abstenerse de alimentos, sino de una actitud del corazón que busca agradarle. En Isaías 58:6-7, el Señor nos enseña el tipo de ayuno que realmente le agrada:
«¿No es más bien el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?»
Dios no se agrada de un ayuno ritualista sin un verdadero cambio en el corazón. El verdadero ayuno que le honra es aquel que:
1. Rompe las ataduras del pecado – Nos apartamos de lo que desagrada a Dios y buscamos una vida en santidad.
2. Libera de la opresión – Ayudamos a otros a encontrar libertad en Cristo, mostrando amor y justicia.
3. Muestra compasión y misericordia – No solo buscamos nuestra edificación personal, sino que nos preocupamos por los necesitados.
aesúsúbién nos enseñó sobre el ayuno en Mateo 6:16-18, donde nos exhorta a hacerlo con humildad y sin hipocresía, buscando la recompensa del Padre y no la aprobación de los hombres.
Así que, el ayuno que agrada a Dios es más que una disciplina física; es una expresión de amor, justicia y transformación. Que cada vez que ayunemos, lo hagamos con el deseo genuino de acercarnos a Dios y reflejar su amor a los demás.
¿Estás practicando el ayuno con la actitud correcta?
Que el Señor nos ayude a vivir un ayuno que traiga gloria a su nombre. ¡Amén!
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