SE HA ENFRIADO EL AMOR

 

«Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.» (Mateo 24:12)

En este pasaje, Jesús advierte sobre los tiempos difíciles en los que la maldad aumentará y afectará incluso a los corazones de los creyentes. Hoy en día, vemos cómo la violencia, el egoísmo y la indiferencia parecen dominar el mundo. Muchas personas, al enfrentar injusticias y desilusiones, se dejan llevar por la frialdad y la desesperanza, perdiendo la esencia del amor que Dios nos manda a vivir. El egocentrismo se fortalece tanto en las malas como en las buenas intenciones.
En medio de esta realidad, Jesús no nos deja sin esperanza. Aunque la maldad aumente, nosotros somos llamados a ser luz en la oscuridad. Nuestro amor no debe depender de las circunstancias ni de cómo actúen los demás, sino de nuestra relación con Dios. La clave para que nuestro amor no se enfríe es permanecer en Cristo, alimentar nuestra fe con la oración, la Palabra y la comunión con otros creyentes. El saber esa verdad debe trascender del mero conocimiento y llevarlo a la práctica.
El enemigo busca endurecer nuestros corazones con resentimiento, rencores y apatía haciéndonos ver que esa frialdad es lo correcto, pero el Espíritu Santo nos capacita para amar a pesar de la maldad del mundo. El amor de Dios en nosotros es más fuerte que cualquier frialdad externa. Como dice
1 Corintios 13:7: “El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
Así que, en medio de la maldad, no permitamos que nuestro amor se enfríe. Seamos testigos del amor de Cristo, reflejando su gracia y misericordia a un mundo que tanto lo necesita. No olvidemos que nosotros hemos sido receptores de amor y misericordia y que el llamado desafiante de Dios es llevar a la acción lo que hemos recibido de Él.

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