LA VERDADERA FUENTE DE ALEGRÍA

Vivimos en un mundo donde muchas personas buscan estímulos externos para sentirse alegres y valoradas. Ya sea a través de la aprobación de los demás, el éxito material, el entretenimiento o los placeres temporales, intentan llenar un vacío que solo Dios puede saciar. Sin embargo, la Biblia nos enseña que la verdadera alegría no proviene de lo externo, sino de una relación profunda con Cristo.
La alegría que viene de Dios
El apóstol Pablo nos recuerda en Filipenses 4:4: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» Pablo escribió estas palabras estando en prisión, lo que nos demuestra que su gozo no dependía de circunstancias externas, sino de su fe y comunión con Dios.
La aprobación que realmente importa
Muchas veces nos preocupamos por lo que otros piensan de nosotros, buscando su aprobación para sentirnos valiosos. Sin embargo, en Gálatas 1:10, Pablo nos exhorta: «¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.» Nuestro valor no está en la opinión de los demás, sino en el amor incondicional de Dios.
Un corazón lleno de la paz de Cristo
Jesús nos dejó un regalo incomparable en Juan 14:27: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» La paz y la alegría que vienen de Dios no dependen de lo que tenemos o de lo que otros dicen de nosotros, sino de Su presencia en nuestra vida.
¿Cómo podemos vivir con gozo sin depender de estímulos externos?
1. Buscar a Dios diariamente en oración y en Su Palabra, porque en Su presencia hay plenitud de gozo (Salmo 16:11).
2. Recordar nuestra identidad en Cristo, sabiendo que somos amados y aceptados por Dios sin necesidad de la aprobación del mundo.
3. Vivir en gratitud, enfocándonos en lo que Dios nos ha dado en lugar de lo que nos falta.
4. Servir a los demás, pues hay más gozo en dar que en recibir (Hechos 20:35).
Que nuestra alegría no dependa de lo que el mundo nos ofrece, sino de la seguridad de que somos hijos de Dios y que Su amor es eterno. Amén

Deja un comentario