Una Nueva Criatura en Cristo

En la vida cristiana, hay una transformación profunda que marca la diferencia entre el que ha entregado su vida a Cristo y aquel que aún no lo ha hecho. La Escritura nos enseña en 2 Corintios 5:17:

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»

Este versículo es clave para entender que el cristiano no es simplemente una persona que sigue una religión, asiste a una iglesia o adopta una nueva filosofía de vida, sino que experimenta un cambio genuino desde su interior.

¿Cómo se nota esta diferencia?

Cambio en el corazón
Antes de conocer a Cristo, nuestras acciones y pensamientos estaban dominados por el pecado. Pero cuando alguien se encuentra con Jesús, su corazón es transformado, sus deseos cambian y comienza a vivir en obediencia a Dios.

Nueva manera de pensar
El creyente ya no ve la vida con una perspectiva meramente terrenal. Ahora busca agradar a Dios, tiene esperanza en la eternidad y sus decisiones reflejan una mente renovada por la Palabra de Dios (Romanos 12:2).

Fruto del Espíritu Santo
La evidencia más clara de esta diferencia es el fruto del Espíritu Santo en la vida del creyente: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Esto es algo que el mundo no puede producir por sí mismo.

Testimonio y transformación visible
Muchos pueden decir que creen en Dios, pero el verdadero cristiano lo demuestra con su vida. Su manera de hablar, de tratar a los demás y de enfrentar las pruebas muestran que Cristo vive en su vida.

Relaciones humanas
A Cristo no se le lleva en un papel, en un pensamiento o en un argumento dogmático, sino en la vida, en el manejo de lo que somos y hacemos. Quien no tiene a Cristo y decide vivir a su manera, lo demuestra con coraje, odio, venganza, embriaguez, fornicación, adulterio, palabras hirientes y ofensivas y una proyección de un vacío en su interior.

Conclusión

No es posible decir que no hay diferencia entre cristianos y no creyentes cuando hay una transformación evidente en quienes han nacido de nuevo en Cristo. La nueva criatura se refleja en una vida cambiada, con nuevas prioridades, valores, sentimientos y una relación viva con Dios.
Ser cristiano no es solo un título; es un nuevo nacimiento que se manifiesta en la vida cotidiana, no adentro de un templo. Las cosas viejas quedan atrás y la vida de Cristo, no la de una religión, se hace visible en nuestra vida diaria. ¿Estamos reflejando esa diferencia en nuestro diario vivir o somos iguales que quien no ha conocido a Cristo?

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