Uno de los momentos más dolorosos en la vida de Jesús fue cuando aquellos que habían caminado con Él, que habían visto sus milagros y escuchado sus palabras, lo abandonaron en la hora de su mayor necesidad. En el Getsemaní, sus discípulos no pudieron velar con Él ni una hora (Mateo 26:40). Pedro, quien había prometido estar siempre a su lado, lo negó tres veces (Lucas 22:61). Y en la cruz, Jesús clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).
Tal vez tú también has experimentado el dolor del abandono. Personas que prometieron estar a tu lado en todo momento te dejaron solo en medio de la prueba. Amigos, familia o incluso hermanos en la fe pueden haberte fallado y abandonado. Pero en estos momentos de soledad, Jesús nos da un ejemplo poderoso: No permitas que el abandono de los hombres te haga sentir abandonado por Dios.
Jesús sabía que, aunque todos lo dejaran, el Padre tenía un propósito mayor. Y así como el sufrimiento de Cristo llevó a la redención del mundo, Dios puede usar tu dolor para moldearte y acercarte más a Él. La Biblia nos recuerda:
“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10).
El abandono humano es doloroso y deja marcas, pero debemos tomarlo como una oportunidad para depender completamente de Dios. Si sientes que personas que amas y has servido, te han dado la espalda, recuerda que Jesús ya caminó por ese valle y salió victorioso. Confía en que Dios nunca te dejará ni te desamparará (Deuteronomio 31:8), y que en medio del dolor que eso ocasiona, Él está obrando en tu vida para llevarte a una mayor gloria.
Ora, perdona y sigue adelante con la certeza de que Dios siempre está a tu lado.
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