OLVIDÉ LO QUE NO DEBÍ OLVIDAR

En momentos dados, se puede convertir en un lamento profundo, un recordatorio de que, a veces, en el ajetreo de la vida, dejamos en segundo plano lo que realmente importa. En nuestra fragilidad humana, podemos perdernos en lo urgente y descuidar lo esencial, lo realmente vale y significa, ya sea una promesa, una persona, o incluso nuestra relación con Dios. Este olvido no solo es una falta de memoria, sino un llamado a retornar, a valorar, a recordar experiencias, personas, con propósito. Cuando nos detenemos para organizar nuestros pensamientos y actitudes correctamente, volvemos a lo olvidado y se convierte en un acto de redención y de amor que nos permite redescubrir nuestro verdadero camino

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