AL CERRAR EL DÍA E IR A DESCANSAR

Al cerrar el día, es bueno detenernos por un momento y reflexionar con fe en el corazón. La noche es un recordatorio de que, aunque la oscuridad nos rodee, la luz siempre está presente si confiamos en Dios. Como dijo un padre de la Iglesia: «La fe es creer en lo que no ves; la recompensa de esa fe es ver lo que crees.»

Es en la quietud de la noche donde podemos dejar nuestras preocupaciones en manos del Señor, sabiendo que Él está al control. Aunque no siempre entendamos su plan, «andamos por fe, no por vista» (2 Corintios 5:7). Confía en que mañana traerá nuevas oportunidades, y que Dios ya está preparando el camino que hemos de seguir.

Por lo tanto, cada amanecer trae consigo nuevas misericordias y podemos confiar en que Dios estará presente en el día de mañana, guiándonos y fortaleciendo nuestro espíritu. En cada paso que demos, Él camina a nuestro lado, abriendo puertas, brindándonos paz, y dándonos la sabiduría para enfrentar cualquier reto.

El Salmo 46:1 nos recuerda que «Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.» No importa lo que el día traiga, Él ya está ahí, preparado para darnos su protección y amor. Con fe, podemos descansar esta noche, sabiendo que el mañana está en las manos del Señor.

Deja un comentario